Planificación y gestión participativa de la ciudad: “Obras en Boulevard Racedo”

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Desde el Instituto de Estudios Territoriales (IET – Regional ONO – CAPER) abogamos por una ciudad con espacios en el que converjan todos los ciudadanos, ya que en las decisiones que atañen a la gobernabilidad de lo urbano es donde todos debemos intervenir y participar. Para ello, pensamos y partimos desde el espacio público como lugar de reflexión hacia la construcción de una ciudad más justa, inclusiva, sustentable y solidaria.

Recientemente ha tenido lugar una controversia generada por la inminente obra vial en el Boulevard Racedo de la ciudad de Paraná. Y es a partir de este caso que nos llamamos a  reflexionar sobre la gestión de las obras públicas y cuál es el rol de la participación ciudadana en la misma.

Las calles de la ciudad cumplen con una función estructurante y conectiva, caracterizada por el movimiento, donde se canalizan la circulación de automóviles y transportes públicos. Éstas son diseñadas de acuerdo a parámetros que tienen que ver con sus funciones, densidades de tránsito, emplazamiento, relieve de los terrenos, velocidades máximas permitidas, drenajes superficiales transversales y longitudinales, etc. Las calles facilitan el asoleamiento, la iluminación y ventilación de lo edificado. Sus calzadas canalizan servicios y sus aceras permiten la circulación de personas, así como también la plantación de árboles y césped para la absorción e infiltración de las aguas de lluvias.

 

Originalmente las calles bulevares eran grandes vías con vocación de estancia, es decir, cumplían una clara función habitualmente asociada con las plazas o parques, reclamando para sí actividades peatonales y recreativas. La amplitud de los bulevares habilitó la incorporación de vegetación y permitió que la naturaleza se asentara definitivamente en los espacios urbanos. Los árboles generaron esa vocación de estancia o lugares de permanencia primigenios, facilitando la creación de puntos de encuentro y sociabilidad. Los árboles evocaban la naturaleza desaparecida en el medio urbano y, desde entonces, se han convertido en un elemento fundamental,  tanto en la conformación del paisaje urbano, como en el logro de los denominados servicios ambientales que nos prestan, separando el tráfico rodado del peatonal y proporcionando entornos de gran calidad ambiental, siendo en la actualidad considerados como corredores de biodiversidad para la fauna urbana. Cabe destacar que el arbolado urbano de alineación (árboles que se alojan en las veredas o aceras) atempera el clima, atenuando las altas temperaturas estivales y logrando reducir el impacto producido por los distintos contaminantes urbanos (gases nocivos, polvillo etc.);  por lo tanto disminuye ruidos, vientos y olores,  jerarquizando el paisaje urbano. Todas estas características son las que diferencian la tipología de “boulevard” de la de una simple avenida.

Además de cumplir con todas las características de su tipología, boulevard Racedo se constituyó cómo un límite urbano que demarcaba el fin de un área, la cual limitaba con los terrenos del ferrocarril. Éste último se extendía desde Avenida Ramírez (antes Boulevard) hasta la Estación “General Urquiza”. Por su tipología,  uno de sus tramos  está conformado por dos carriles de automóvil, un generoso cantero central con pérgolas y palmeras, y a cada lado amplias veredas forestadas.

En la actualidad conserva su fisonomía original en el tramo que va desde Avenida de las Américas a calle Belgrano, mientras que desde calle Alsina hasta Avenida Ramírez está caracterizado por las anchas veredas con arbolado público y una calzada de doble vía (hasta Feliciano, luego se unifica en una sola vía).

Racedo es una importante vía que conecta dos áreas urbanas de alto valor patrimonial. Por un lado el ex hipódromo (o lo que queda de él como posible infraestructura verde) y la antes mencionada estación de ferrocarril. Sin embargo, boulevard Racedo, por el ancho de sus veredas también es un corredor verde que se configura en “pulmón” para esa parte de la ciudad, ya que las calles que la intersectan y atraviesan son de veredas angostas y escaso arbolado (Feliciano, Rocamora, Alsina). Las especies arbóreas que alberga son variadas y generan un microclima de sombra y temperatura particularmente agradables para los transeúntes.

El proyecto en particular para el tramo de calle Racedo entre Ramírez y Alsina se conoció cuando se publicaron en redes sociales algunas imágenes de cómo quedaría finalmente el corredor ante el llamado a licitación, pero esto se realizó sin darse a conocer las evaluaciones de impacto socioambiental, análisis, consultas, y resultados positivos que ese proyecto traería a la ciudadanía, tampoco se dio a conocer en el marco de qué programa, fue concebido. Lo que se puede advertir a simple vista es que la obra plantea cortar de raíz los árboles existentes a lo largo de calle Racedo en el tramo antes descrito (en su primera etapa) y los del tramo de Maciá (en la posterior segunda etapa). En el contexto actual de falta de espacios públicos, de necesidad imperativa de espacios verdes, de escasa cercanía de este tipo de espacios a muchos de los barrios de la ciudad, y donde se tiende a priorizar la movilidad de todos aquellos usuarios de la vía pública que no se movilizan en un vehículo con motor (movilidad blanda), no podemos dejar de preguntarnos qué beneficios compensan esa pérdida.

La pandemia iniciada en 2020 nos hizo ver al mundo la importancia de los espacios verdes urbanos. En un año de confinamiento, los espacios abiertos, se convirtieron en iconos de encuentro no solo social, sino también con la naturaleza. Hoy los espacios verdes son un refugio, y atribuirles un rol preponderante debe ser una variable sin discusión en la planificación de la ciudad, de una Paraná deseada por sus habitantes.

¿Cómo se debería planificar y proyectar sobre la ciudad?

En un proceso de planificación, en primer lugar se reconoce la necesidad urbana de modificar y/o intervenir algún sector específico. Muchas veces es a partir de una demanda concreta de los vecinos.

En segundo lugar, se realiza un registro de indicadores y análisis del estado de hecho que permite generar un diagnóstico. Éste será participativo siempre y cuando los vecinos  y todos los beneficiados de la ciudad y el territorio  sean parte de este proceso.

En tercer lugar, se comienzan a investigar las diferentes maneras de solucionar la o las problemáticas existentes. La respuesta que se dé para la solución o para atender las demandas va a depender del lugar en que se paren quienes tienen el rol de proyectar las mismas.

En la actualidad,  las tendencias ante el denominado cambio climático, llevan a encontrar nuevas respuestas y nuevas soluciones de maneras sustentables ambientalmente, sostenibles económicamente y desde el punto de vista social la mirada de profesionales y especialistas actualizados en las últimas tendencias, es fundamental.

En cuarto lugar, se determina qué tipo de intervención se hará, sus costos y posibilidades económicas y financieras. La transparencia de las acciones que pueda ejecutar el Estado se verá legitimada con la participación ciudadana. En quinto lugar, se diseña el proyecto ejecutivo. Una vez definido el proyecto, finalmente, se deberá establecer si la obra se licitará para ser construida por empresas privadas (grandes o pequeñas) o si se realizara por “administración“, es decir, a cargo del Estado, con su personal idóneo y sus recursos.

No podemos dejar de resaltar algunos aspectos importantes del proceso:

Participación ciudadana y consenso entre actores: Esto resulta fundamental porque permite legitimar los resultados. En este sentido, la sociedad debe ser convocada o en su defecto exigir formar parte del proceso que implique la planificación y los proyectos desde su iniciación. Existen en nuestra legislación nacional, provincial y municipal, herramientas suficientes  para facilitar dichos procesos y para esto el gobierno local debe hacer usos de ellos sin estigmatizar a la participación ciudadana como una amenaza para la concreción de obras, sino como un encuentro de saberes. Ver Ordenanza Nº 9668 – Cuencas Hidrográficas Urbanas – Comités de Cuencas.

Ejemplo de asamblea con vecinos:

Generación de un plan urbano o sectorial: Las obras que se realicen deben surgir de un diagnóstico, de un estudio de necesidades y de una planificación integral con su posterior control y seguimiento, que sean contemporáneos a su encomienda. Esto garantiza que la obra sea acorde a necesidades actuales que mejoren la calidad de vida de los ciudadanos.

Comunicación y acceso a la información pública: Para ello resulta prioritario que los gobiernos locales tengan la voluntad política de cumplir con normativas de acceso a la información pública, trazando estrategias de comunicación en el cual se utilice un lenguaje adecuado y cotidiano. Esto propicia la gobernanza de la ciudad y evita discrepancias entre la ciudadanía y las gestiones de gobierno. Así la sociedad civil puede participar en los procesos de toma de decisión siendo previamente informados de todas las variables en juego.

Adaptación de la ciudad ante el cambio climático global: Para esto se debe incluir la participación de diferentes sectores de la sociedad local (comunidades vecinales, vecinos autoconvocados, organizaciones no gubernamentales, instituciones intermedias, sector privado, sector académico) desde las primeras etapas de un proyecto. Es importante destacar la importancia de considerar los servicios ecosistémicos y el paisaje urbano dentro de la planificación como estrategia para la  resiliencia de la ciudad. En definitiva, es el cuidado colectivo de la Casa Común.

¿Qué podemos hacer frente al problema?

Existe un desfasaje entre los proyectos que propuestos para ser ejecutados desde la obra pública y el imaginario colectivo de los ciudadanos de cuáles proyectos serian prioritarios realmente.

Por el crecimiento y el desarrollo de nuestra ciudad es necesario rever cuales son las obras y servicios que se deben realizar. Las problemáticas que se vislumbran en los medios de comunicación como demandas de los vecinos tienen que ver, a grandes rasgos, con:

– Nulo saneamiento de los arroyos

– Ineficiencia o inexistencia de servicios básicos

– Inundaciones urbanas, falta de mantenimiento y escasez de espacios verdes

– Deficiencia del transporte público, arbolado público en constante deterioro y escasez de nuevas forestaciones

– Proliferación de residuos sólidos urbanos, entre otras.

El Estado cuenta con técnicos y profesionales especializados y conocedores de la ciudad, se vuelve necesario poder establecer vínculos entre ellos y los ciudadanos bajo una metodología de participación, lo cual resulta fundamental. La mirada de expertos debe tener en cuenta el interés y la opinión de la ciudadanía.

También resulta necesario replantear el concepto de progreso y atravesarlo con nuevos paradigmas que nos lleven a pensarlo como un desarrollo ambientalmente sustentable y económicamente sostenible, optimizando los recursos existentes, valorando  y salvaguardando el patrimonio natural y construido. Con esto se busca preservar la identidad de la ciudad, y la cultura local.

Construir y/o modernizar una ciudad, no es hacer solo calles, o solo viviendas, o sólo espacios verdes públicos. Justamente hacer urbanismo es tener una mirada integradora de dichos componentes en relación al entorno natural que la contiene, y a lo que demande el contexto social del momento.

En este sentido, desde el IET (Regional ONO) abogamos por hacer una ciudad mediante procesos de planificación con participación ciudadana. Ésta es en definitiva lo que le da licencia social y legitimidad que luego otorgara sostenibilidad a los procesos.

Firma: Instituto de Estudios territoriales, CAPER ONO

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